El misterio de las Representaciones de “Hombres-Pájaro” en la región de Tequila
martes 23 de junio, 2020
Ehécatl una deidad en el Jalisco precolombino.
Ehécatl una deidad en el Jalisco precolombino.

Recreación del hombre ave de la región Valles de Tequila. Dibujo de Vladimir Gómez

En la región de los valles alrededor del volcán de Tequila en Jalisco han aparecido diversas representaciones de personajes con atributos humanos y de pájaro. Este hecho hace décadas que fue señalado por Phil C. Weigand, descubridor de la Tradición o Cultura Teuchitlán. Para Weigand, este ser mitad hombre, mitad pájaro era una versión local de Ehécatl, y los Guachimontones o pirámides de planta circular serían sus templos. Sin embargo, ahora sabemos que estas edificaciones no tenían templos o teocalllis arriba de ellos y que este ser híbrido apareció en la iconografía tras la caída de la Cultura Teuchitlán. Por lo tanto queda descartado que Ehécatl fuera un dios reverenciado entre los habitantes del sitio arqueológico de Los Guachimontones. Sin embargo, aún no ha sido identificado del todo.

Figura 1. “Hombres-pájaros” de la vasija adquirida por Carl Lumholtz. Dibujo Cortesía del Proyecto Arqueológico Oconahua.

La primera pieza arqueológica en la que se identificó este ser, fue una vasija adquirida por Carl Lumholtz en sus viajes por Occidente en los albores del siglo XX. En dicha vasija (datada relativamente entre los años 500 y 900 d.C.) aparecen dos personajes encorvados ataviados con sendos penachos y con el rostro cubierto por lo que parece ser una máscara de ave. Inclusive parecen portar una especie de cola emplumada.

Figura 2. Comparativa entre los elementos iconográficos de los “hombres-pájaro” de Santa María-Guaxícar, Teuchitlán y Oconahua. Dibujo digital de Erick G. Rizo.

Otra posible representación de dicha deidad (y contemporánea a la identificada por Weigand) es una estela de cantera procedente del sitio arqueológico Palacio de Ocomo, en Etzatlán. En dicha se aprecia el bajorrelive de un extraño personaje que mezcla elementos tanto animales, como humanos. Se trata de una especie de “hombre-ave” con rasgos que recuerdan a los de la vasija de Teuchitlán. El penacho y la máscara bucal en forma aparente de pico, son los elementos con mayor similitud. Sin embargo, lo destacable del personaje de Ocomo es que sostiene un báculo o bastón de mando. Dicho bastón o cetro pudiera haber estado rematado por un cuchillo bifacial monumental, como el hallado en el contexto de las excavaciones de Ocomo. De ser así, dicho instrumento estaría destinado para uso exclusivo de personajes de alto rango con atribuciones políticas y religiosas de gran relevancia. La existencia de este tipo de “cetros” o “bastones de mando” está bien documentada entre los tarascos poco antes de la conquista hispana. El mejor ejemplo de lo anterior, es la indumentaria del Petamuti tarasco, uno de cuyos emblemas de mando era precisamente su “báculo” o “cetro”, rematado por un gran cuchillo o elemento punzocortante.

Figura 3. Petrograbado de Santa María-Guaxícar. Dibujo digital de Erick G. Rizo.

En épocas más tardías, poco antes de la conquista hispana, el citado “Hombre-pájaro” aparece de nuevo. Se trata de un petrograbado procedente del sitio arqueológico de Santa María-Guaxícar, al noroeste de la actual cabecera de Magdalena. En él, aparece una misteriosa figura antropomorfa con “pico de ave” y ataviada con penacho y con una especie de báculo o lanza en la mano derecha. La figura guarda sorprendente similitudes con el bajorrelieve de Palacio de Ocomo: “cetro” o “bastón de mando”, cuerpo humano, cabeza con rasgos zoomorfos. Estos últimos aspectos, –la mezcla de elementos humanos y zoomorfos– es lo que permite afirmar que ambos personajes representan a una deidad local o ser mitológico, y no a un cacique o señor de la región. Si éste fuera un líder o miembro de la élite local, la presencia de símbolos de estatus (el penacho y el “báculo”) bastaría para identificarlo, pero al tener un rostro más animal, la figura adquiere un cariz fantástico o sobrenatural, ya que deja de ser una representación realista. Hasta el momento no es posible asociarlo con alguna directamente con otra deidad mesoamericana, si bien, guarda varias similitudes con la iconografía de Ehécatl.  Sin embargo, este Dios-ave fue reverenciado en la región durante por lo menos un milenio ¿acaso es el mismo Ehécatl reverenciado por los nahuas y huastecos?

Figura 4.Representación de un “Hombre-Pájaro” (izquierda) procedente del sitio de Palacio de Ocomo, Etzatlán, Jalisco. Cuchillo bifacial tipo cetro (derecha), localizado en las excavaciones del mismo sitio arqueológico. Imágenes Cortesía del Proyecto Arqueológico Oconahua.

Figura 5. Escena de La Relación de Michoacán presidida por el Petamuti; nótese la relevancia visual del bastón de mando o cetro. Imagen del COLMICH

Como comentario final, hasta el momento, en Jalisco y Michoacán no se han encontrado templos de planta mixta o circular, típicos del centro del culto a Ehécatl durante el Posclásico.  

Para saber más:

González Rizo, J. Erick
2016 “Registran petrograbado con la representación de una deidad prehispánica en Magdalena, Jalisco”. CALLICANTO VOL. II, No. 5, Guadalajara, Jal., XALIXCO A.C., pp. 4, 5.

Weigand, Phil C.,
1992 “Ehécatl: ¿Primer dios supremo del Occidente?”. Origen y desarrollo en el Occidente de México, ed. por Brigitte Boehm y Phil C. Weigand, El Colegio de Michoacán A. C., Zamora, Mich.pp. 205-237.

Weigand, Phil C.
1993 Evolución de una civilización prehispánica. Arqueología de Jalisco, Nayarit y Zacatecas. COLMICH, Zamora, Mich.

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