IHUATZIO: LA GUARIDA DEL COYOTE
domingo 12 de julio, 2020
Ihuatzio fue una de las ciudades más importantes del imperio Tarasco de Michoacán. Es un lugar que encierra grandes enigmas debido a lo poco que se sabe sobre ella a través de las fuentes históricas y de los contados trabajos arqueológicos. No obstante, su traza urbana es una de las más complejas e impresionantes del México prehispánico.
Ihuatzio fue una de las ciudades más importantes del imperio Tarasco de Michoacán. Es un lugar que encierra grandes enigmas debido a lo poco que se sabe sobre ella a través de las fuentes históricas y de los contados trabajos arqueológicos. No obstante, su traza urbana es una de las más complejas e impresionantes del México prehispánico.

Panorámica de la zona arqueológica de Ihuatzio, el lago de Pátzcuaro y la isla de Janitzio. Créditos: Mediateca INAH.

A orilla del lago de Pátzcuaro en el estado de Michoacán, entre los años 1300 y 1400 de nuestra era, floreció una de las ciudades más complejas urbanísticamente hablando asociada al poderoso imperio Tarasco. A esta ciudad se le puso el nombre de Ihuatzio, que en el idioma Purépecha significa “Lugar de Coyotes.” Contemporánea de México-Tenochtitlan (1325-1521 d.c.).

La historia de Ihuatzio se remonta a los tiempos del rey Taríacuri, uno de los grandes héroes de la cultura tarasca, líder del linaje Uacúsecha y el responsable de unificar a los más importantes señoríos que había en la cuenca del lago de Pátzcuaro bajo una misma bandera. Una vez logrado esta hazaña, Taríacuri en su vejez, decide dividir su territorio en tres importantes reinos: Tzintzuntzan a quien su gobierno se lo otorgó a su sobrino Tangaxoán; Pátzcuaro cuyo mandato le fue heredado a su hijo Hiquingaje y finalmente tenemos a Ihuatzio, cuya cabecera se la dio a su otro sobrino: Hirepan (Alcalá 2008).

(Imagen 1: Lámina 22 de la relación de Michoacán en donde se muestra a Taríacuri repartiendo los tres reinos a su hijo y sobrinos).

Con Hirepan es con quien justamente inicia la gloriosa historia de la ciudad de Ihuatzio, que se fundó en un amplio valle que cuenta con salida al lago de Pátzcuaro y que además, este valle es custodiado por el imponente cerro “Tariacaherio” o “” (cerro del viento en purépecha). En este lugar, los Tarascos aprovecharon una loma natural que fue terraceada y en cuya planicie, edificaron una autentica metrópolis, con una de las trazas urbanas más complejas e impresionantes del occidente de México (Cárdenas 2004).

Historia de Ihuatzio

El rey Hirepan, sobrino de Taríacuri (señor de Pátzcuaro), se encargó de liderar la gran ciudad de Ihuatzio y llevarla a su máximo esplendor; durante su mandato Ihuatzio realizó campañas bélicas hacía diferentes zonas del actual estado de Michoacán, como la región denominada como “Tierra Caliente” y también fue responsable de la conquista del poderoso cacicazgo de Carapan que se ubicaba en la llamada “meseta purépecha”.

(Imagen 2: Lámina 32 de la Relación de Michoacán en donde se muestra el asedio de un pueblo).

Cabe destacar, que el poderío de Ihuatzio se podría considerar el más grande durante la existencia de la “triple alianza” Tarasca (Tzintzuntzan-Ihuatzio-Pátzcuaro), pues incluso se menciona que la ciudad era hogar del dios Curicaueri (dios del fuego y del sol) que era considerado como la deidad más importante del panteón Tarasco. El dios originalmente se encontraba resguardado en Pátzcuaro, pues era el rey Taríacuri su custodio, pero aparentemente, después de la muerte de este, así como la muerte de su hijo Hiquingaje y de su nieto del mismo nombre, Hirepan fue responsable de asesinar a los últimos descendientes de Taríacuri, al considerarlos como “viciosos” y poco “aptos” para el gobierno. En este lapso de tiempo, probablemente es cuando Hirepan se hizo de la salvaguarda de Curicaueri (Alcalá 2008).

(Imagen 3: Zona arqueológica de Ihuatzio. Foto: Mediateca INAH).

No obstante, Curicaueri duró poco tiempo en Ihuatzio, pues durante el reinado del hijo de Hirepan llamado Ticatame, se perdió la posesión del dios a manos del rey de Tzintzuntzan: Tzitzipandácuare. Junto con la ida del dios, Ihuatzio disminuyó drásticamente su protagonismo como entidad política en la “triple alianza tarasca”, pues Tzintzuntzan pronto se erigió como la única capital del imperio Tarasco, adquiriendo entonces todo el poder político, religioso y militar (ídem).

A pesar del surgimiento de la nueva capital, Ihuatzio siguió teniendo cierto dominio en la región, y el nuevo sistema de gobierno establecido por el rey Tzitzipandácuare, respetó la sucesión del poder que había iniciado con Hirepan, por lo que su hijo Ticatame, su nieto Tucurán y su bisnieto Paquingata, siguieron siendo señores de Ihuatzio hasta la llegada de los españoles (ídem).

Arqueología de Ihuatzio

Ihuatzio al igual que la mayoría de las ciudades Tarascas, después de la conquista y con el paso de los años, fue abandonada hasta prácticamente terminar en ruinas. Sus templos se cubrieron de tierra y vegetación, y lo que alguna vez fue una ciudad prospera; para inicios del siglo XX ya solamente era la sombra de esa gran magnificencia, pues en las tierras de cultivo de la zona, ya solamente se visualizaban montículos o pequeños “cerritos” que alguna vez fueron imponentes templos.

(Imagen 4: Ruinas de Ihuatzio entre campos de cultivo. Foto: Wikimedia commons).

El presidente Lázaro Cárdenas del Río (presidente de México de 1934 a 1940) interesado por recuperar el pasado prehispánico de su tierra Michoacán, promovió varias temporadas de investigación arqueológica que se enfocaron principalmente en esas grandes ciudades de la antigüedad Tarasca, es decir Tzintzuntzan e Ihuatzio, pues la ciudad prehispánica de Pátzcuaro ya se encontraba enterrada por los edificios coloniales (Cárdenas 1996).

(Imagen 5: Trabajadores durante las exploraciones de Ihuatzio en 1938).

Es así, cuando a Ihuatzio llega una de las figuras más importantes de la arqueología mexicana: Alfonso Caso, quien lleva a cabo varias temporadas de exploración que dieron inicio en el año de 1938. Durante sus investigaciones, los resultados fueron trascendentales ya que Caso descubrió una antigua tradición escultórica Tarasca, donde sobresalían especialmente figuras de coyote, animal emblema de la ciudad de Ihuatzio. Estas figuras de cánidos, están hechos a partir de roca basáltica y andesítica (roca ígnea extrusiva de origen volcánico), y por lo regular se trataban de tronos con la figura del mencionado animal, o también esculturas a modo de “ídolos” donde los coyotes compartían rasgos antropomorfos, es decir cuerpo humano y cabeza de coyote (Williams 2004). Cabe resaltar, que estas figuras de coyote, se han encontrado en otros lados del estado de Michoacán como en la tierra caliente, ciudad Hidalgo (antes Taximaroa), Cuitzeo, etc. Probablemente son testigos de la gran influencia política que ejercía Ihuatzio en su momento.

(Imagen 6: Trono Coyote de Ihuatzio. Museo Regional Michoacano. Foto: Mediateca INAH).

Otro de los descubrimientos importantes de Caso en la zona arqueológica de Ihuatzio, fue la aparición de tres grandes esculturas que representaban a hombres de avanzada edad acostados, con la cabeza levantada y viendo de lado, sosteniendo con sus manos una gran roca en su vientre. A este tipo de esculturas se les conoce popularmente como “Chac Mool”, y es uno de los tipos escultóricos más interesantes del México prehispánico, ya que se han encontrado varios monumentos de este tipo en otros lugares como Chichen Itzá, Tula, Cempoala, Templo Mayor (Tenochtitlan) y en algunas partes del norte de México como el “cerro del huistle” al norte de Jalisco (Williams 1992).

(Imagen 7: “Chac Mool” Tarasco. Museo Nacional de Antropología. Foto: Mediateca INAH).

El Urbanismo en Ihuatzio

Uno de los grandes prejuicios con los que cargaba el estado Tarasco y en general el “Occidente de México” era con la supuesta ausencia de grandes centros urbanos complejos, como los que había en el altiplano central y demás regiones del sur de México. Durante muchos años, se creía que en esta región del país conformada por los estados de Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Colima, Nayarit y Sinaloa, las culturas fueron menos desarrolladas que en la zona centro y que una prueba de ello era la supuesta ausencia de urbanismo en la región. Se tenía la idea de que las culturas del occidente solo eran muy buenos alfareros, pero nunca pudieron dar ese “salto” del modo de vida aldeano al de una “ciudad”, y que ese “gran paso” solamente se dio hasta la aparición del estado Tarasco, pero que aun así, el urbanismo Tarasco, era muy “inferior” y “simple” en comparación a otras ciudades del centro-sur de México (Williams 1994).

No obstante, con el paso del tiempo y de las recientes investigaciones, se ha podido cambiar esa idea sobre el occidente de México y sus culturas que supuestamente vivían en un estado “aldeano” eterno, y hoy se puede asegurar que esos prejuicios que existían sobre la región, simplemente se debían a la falta de investigaciones. Uno de los casos más destacados es justamente Ihuatzio.

Cuando iniciaron los primeros trabajos de exploración de Ihuatzio, estos solamente estaban enfocados a consolidar edificios y explorar de forma somera el sitio, entonces para cuando se abrió al público la zona arqueológica, solamente se tenía consolidado dos grandes basamentos piramidales de unos 12 metros de altura que se encuentran sobre una gran plataforma de desplante, en medio de una gran plaza que en la antigüedad era conocida como la “plaza de armas”. De igual modo se consolidaron otros elementos arquitectónicos que rodeaban esta gran plaza. Sin embargo, a pesar de que se conocía la existencia 3 yacatas de planta mixta similares a las de Tzintzuntzan, estás no se consolidaron (Cárdenas 2004).

(Imagen 8: Zona arqueológica de Ihuatzio. Templos duales en la plaza de armas. Foto: Dante B. Martínez).

Se tuvo durante varios años, la idea de que Ihuatzio también era un urbanismo simple, inclusive inferior al del propio Tzintzuntzan, pero cuando empezaron a llegar nuevas investigaciones arqueológicas, se dieron cuenta del terrible error que era asegurar esta premisa. De entrada, importantes investigadores como Eduardo Williams, calificaron al urbanismo Tarasco de la cuenca del lago de Pátzcuaro de dos formas: 1) un urbanismo planificado y 2) un urbanismo no planificado. El segundo consiste en que a partir de un gran centro ceremonial, se empieza a generar a su alrededor un componente de viviendas de diferentes índole, que sin embargo, estas no parecen seguir un patrón y solamente crecen hacía donde pueden. Este es el caso de la gran mayoría de las ciudades del México prehispánico y categoría a la cual Williams metió el caso de Tzintzuntzan. No obstante, en Ihuatzio se percataron que era todo lo opuesto a Tzintzuntzan, pues en este caso si se veía una traza urbana planificada, y una bastante compleja. Otros casos de urbanismo planificado en México son Teotihuacan, Tula y Tenochtitlan (Williams 1994).

(Imagen 9: Plaza de armas. Foto: Dante B. Martínez).

Regresando a Ihuatzio, investigadores como el propio Williams y Efraín Cárdenas, se dieron cuenta que Ihuatzio era mucho más de lo que se veía a simple vista, y empezaron a notar una gran variedad de construcciones arquitectónicas que sin duda hacían de Ihuatzio un caso muy especial en el tema del urbanismo Tarasco. De entrada, se dieron cuenta que Ihuatzio a diferencia de Tzintzuntzan, contaba con un sistema de caminos entrelazados, que llevaban a plazas, basamentos piramidales, templos, altares etc. También pudieron apreciar la presencia de calzadas que conectaban hacia diferentes salidas de la ciudad, con rumbos hacía al lago de Pátzcuaro, a Tzintzuntzan y hacía Pátzcuaro. Otro elemento arquitectónico que llamo poderosamente la atención, es una construcción a la cual se le conoce como “huatziri” que consiste en una gran muralla escalonada que además de dividir la ciudad en sectores, sorprendentemente también tiene la utilidad de fungir como vía de conexión entre varias secciones de la ciudad (como una especie de calzada elevada). Este tipo de estructura se podría decir que es casi única en el México prehispánico, pues no se ha encontrado algo similar en alguna otra zona arqueológica (Cárdenas 2004).

(Imagen 10: Ejemplo de “Huatziri” de Ihuatzio. Foto: Mediateca INAH).

Ihuatzio entonces, es uno de los ejemplos más llamativos sobre el urbanismo Tarasco, demostrando una complejidad sorprendente y la utilización de recursos arquitectónicos originales, que ayuda a disipar más, aquellas antañas ideas sobre la inexistencia de un sistema arquitectónico complejo en el occidente de México.

Ihuatzio: Lugar de Coyotes

El coyote, emblema de la ciudad de Ihuatzio y uno de los animales más importantes dentro de la antigua cosmovisión de los Tarascos de Michoacán, desafortunadamente hoy en día se encuentra en gran riesgo, debido a la perdida de su habitad llevada a cabo día a día, provocada por la deforestación, el cambio de uso de suelo para privilegiar los monocultivos, la excesiva urbanización y prácticamente los nulos intentos que ha habido por rescatar a dicho animal como parte fundamental de la identidad del estado de Michoacán. Por lo que atentamente hacemos una invitación al lector, para que forme parte de la protección de este animal amenazado por la actividad humana y lo revaloremos como lo que antiguamente fue, un símbolo de identidad importante de las sociedades prehispánicas mexicanas en general.

(Imagen 11: Coyote. Foto: Pixabay).

BIBLIOGRAFÍA

  • Alcalá, Jerónimo de. 2008. Relación de Michoacán. Estudio introductorio del Premio Nobel de Literatura, Jean Marie G. Le Clézio. Zamora, El Colegio de Michoacán.
  • Cárdenas García, Efraín. 1996. Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan. En Arqueología Mexicana vol. IV no. 19. México. Pp. 28-33.
  • Cárdenas García, Efraín. 2004. Jiuatsio, la casa del coyote. En Tradiciones arqueológicas. El Colegio de Michoacán, A.C., Gobierno del Estado de Michoacán, México. pp. 195-215.
  • Williams, Eduardo. 1992. Las Piedras Sagradas: Escultura Prehispánica del Occidente de México. El Colegio de Michoacán. México.
  • Williams, Eduardo. 1994. Los Tarascos y sus antepasados: Una perspectiva antropológica. En El Michoacán Antiguo. Colegio de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán. México.

CONTACTO DEL AUTOR

Correo: Dante_dalton@outlook.com

Instagram: dante_rimbaro

Consultar más trabajos del autor: https://enad.academia.edu/DanteMartinez

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