La noche triste, la noche de la victoria. Su contexto y antecedentes.
martes 30 de junio, 2020
La noche triste fue sin duda la peor derrota sufrida por los conquistadores y sin embargo no podemos explicarla sin comprender su contexto.
La noche triste fue sin duda la peor derrota sufrida por los conquistadores y sin embargo no podemos explicarla sin comprender su contexto.

Dibujo del ilustrador Keith Henderson del libro del historiador Prescott, William Hickling, The conquest of Mexico Volumen II; disponible en wikisource.org, dominio público.

La noche triste fue un acontecimiento decisivo, que vale la pena estudiar para conocer mejor la situación que definiría el comienzo del fin del imperio mexica y el que paradójicamente comenzaría con una victoria de estos.

Ahora bien, aquí no me enfocare tanto en pormenorizar paso a paso esta derrota, en sí abordare este tema con el fin de que los lectores comprendan su contexto y antecedentes inmediatos, de modo que este escrito sirva para esclarecer la realidad inmediata que produjo y que definió este acontecimiento histórico trascendental, con lo cual espero un mejor resultado, que el solo narrar paso a paso y detalle a detalle un acontecimiento ya mil veces y más abordado.

Antecedentes

Tras la llegada de Pánfilo de Narváez con órdenes de capturar a Hernán Cortés, la situación de los españoles en Tenochtitlán se volvió tensa, pues la legitimidad de sus acciones quedaría en duda, causando un daño irreparable a su imagen entre la nobleza mexica, ello alimentaria de antemano al grupo belicista de Tenochtitlán, es decir aquellos mexicas que se oponían a cualquier pacto, sumisión o alianza con los castellanos.  

En Tenochtitlán debe destacarse, había mexicas aparentemente pro-hispanos, como Axayacatl hijo de Moctezuma y Tzihuacpopocatzin el Cihuacoatl a quien podemos considerar el hombre con más poder entre los mexicas después de Moctezuma, entre otros nobles con gran poder, pero el pilar y sostén principal de la alianza entre castellanos y mexicas, era el emperador Moctezuma II, quien activamente había colaborado con estos a su llegada a la ciudad de Tenochtitlán, tolerando incluso que tras el incidente de Nautla los castellanos le pusieran grilletes y es de destacar que si este se mantuvo en el poder tras aquello, se debe a que sus belicosos súbditos y sus nobles debían aun confiar bastante en su juicio político. 

Pero Narváez lo cambio todo, solo podemos imaginar el desconcierto de los mexicas ante la idea de haber pactado con un simple forajido, idea que Narváez se cuidó de difundir, sobre todo debió de afectar la noticia muy profundamente a los belicistas, que clamaban desde tiempo atrás en contra de los castellanos; aquello sin duda debió de alentarlos a organizarse y es que este grupo tras la humillación de Moctezuma (y la captura de otros Reyes aliados, ahora rehenes de los castellanos), se encontraba predispuesto a la lucha y en las cercanías de un momento clave ya que las fuerzas castellanas estarían divididas en breve pues Cortés habría de partir para enfrentar a Narváez.

Nota: El grupo belicista, termino que utiliza el Dr. R. Zantwijk, hace referencia a los mexicas que se oponían a los castellanos y que deseaban la guerra contra estos.

Cortés finalmente habría partido a Veracruz,  para enfrentar a su enemigo y en Tenochtitlán se había dejado al belicoso Pedro de Alvarado junto con los guerreros tlaxcaltecas que apoyaban aun al bando castellano y que se debe de mencionar, eran enemigos acérrimo de los mexicas y que puede que influyeran como principal apoyo de Alvarado en las decisiones que este tomaría.

Pedro de Alvarado Imagen de dominio publico de Wikimedia Commons.

El desencadenante de la tragedia se habría de dar durante la fiesta del Toxcatl que los mexicas celebraban a Tezcatlipoca y a Huitzilopochtli sin duda los 2 Dioses de mayor relevancia para los mexicas; Alvarado había aparecido junto a los suyos y habían perpetrado una matanza en contra de los nobles mexicas desarmados, apoyado con sus refuerzos indígenas los fieros guerreros tlaxcaltecas y la reacción de los mexicas no se hizo esperar.

Las fuerzas de Alvarado cuando regreso Cortés, estaban atrincheradas en el palacio de Axayacatl. Cortés había logrado entrar a la ciudad, pero no había sido recibido bien y tras llegar con Alvarado se enteró de los terribles acontecimientos, los mexicas mientras, comandados por los belicistas no dejarían de acosar a los españoles día y noche afín de causarles el mayor daño posible.

El pueblo ya no escucho a Moctezuma, el ataque contra los nobles desarmados, perpetrado por castellanos y tlaxcaltecas fue el punto de inflexión y ya no había marcha atrás, Moctezuma no fe capaz de controlar a sus súbditos y pronto estos eligieron a un nuevo líder Cuitláhuac.

Los mismos castellanos aun utilizando el poder de sus armas no fueron capaces de refrenar al pueblo que ahora estaba en manos de la facción belicista y con seguridad desde este momento comenzaba también un conflicto interno entre los mexicas, pues el Cihuacoatl Tzihuacpopocatzin, hombre de gran poder e influencia, fue remplazado increíblemente por el joven Matlatzíncatl y los pocos mexicas pro-hispanos que quedaban se preparaban para intentar retomar el control de la ciudad al juntar seguidores y armarse para la lucha, sabemos por el códice Ramírez que Ixtlilxóchitl II príncipe rebelde de Texcoco reunió a sus fuerzas para marchar a Tenochtitlán y que incluso después de estos hechos entre los mexicas habría luchas con el fin de eliminar a los últimos pro-hispanos, que solo los debilitarían más y que aunque pasadas por alto con frecuencia, constan en la fuentes.

La noche triste o de la victoria.

En esos momentos críticos para los Castellanos la única opción segura, era la huida y es que finalmente la matanza perpetrada por Alvarado había supuesto un acto tan desagradable a los mexicas que las multitudes en este momento respaldaban casi por entero al grupo belicista.

Fue en estas duras condiciones y tras notar que resistir o tratar de frenar por medios violentos a las multitudes era imposible que Cortés decidió emprender el escape, pero con tan mala suerte que aquella noche la conocería la Historia, como “La noche triste”, era la medianoche del 30 de junio de 1520 y tras estar rodeados por demasiado tiempo y de nuevo siendo el hambre un feroz enemigo que caía sobre ellos con la falta de víveres, los castellanos se decidieron a por el escape y salieron en silencio; sospechosamente los mexicas se habían replegado, pero aparecieron muy rápidamente tras ser alertados del escape de las fuerzas extranjeras, moviéndose en un gran número sobre las huestes castellanas que rodeadas en medio de una ciudad con entre 150 000 y 200 000 habitantes estuvieron cerca de perecer por completo; pero un buen numero de los castellanos si logro cruzar a salvo por la calzada de México-Tacuba.

Aquello no cabe duda, debió de ser un caos terrible, pues los hechos ocurrieron una noche lluviosa, dificultando el uso de armas de fuego, luego rodeados la lluvia de proyectiles constante y la gran masa de mexicas causaron tal impacto, que las fuerzas de Cortés no fueron capaces de mantener el orden y comenzaron a caer en buen número, sobre todo cuando muchos de ellos emprendieron atemorizados una huida descontrolada, facilitando aún más el que los mexicas cayeran sobre ellos de modo efectivo, al final muchos murieron ahogado y otros hasta aplastados por sus compañeros.

Si bien lejos de resultar una batalla, aquello fue una carnicería en que es posible que cayeran cerca de la mitad de los españoles y un número no determinado pero substancial de sus aliados. Pues mientras los conquistadores, españoles e indígenas huían como pollos descabezados, los tenochcas aprovechaban el desconcierto para someter a los extranjeros y de una vez por todas acabar con la amenaza que representaban.

Tras el combate

El destino de los castellanos y sus aliados nativos capturados, fue el ser sacrificados durante la coronación de Cuitláhuac, una parte importate del oro y la plata obtenidos se había perdido en el lago y tras huir, atrás quedaban los cuerpos de los Reyes que los castellanos habían tenidos presos, Cacama, Itzcuauhtzin y también el emperador Moctezuma.

Cuitláhuac estaba ahora a cargo y su nuevo Cihuacoatl era Matlatzíncatl, quien perseguía ahora a las fuerzas castellanas que quedaban para aniquilarlos, mientras Ixtlilxóchitl II se acercaba a la zona para apoyar a las fuerzas castellanas y mientras esto ocurría, en silencio una nueva amenazas, que nadie ni siquiera los castellanos hubieran podido imaginar, se expandía silenciosamente en Tenochtitlán, la viruela que un hombre entre las fuerzas de Narváez preso ahora de los mexicas llevaba en su sangre, pronto se extendería llevando a los Tenochcas a una situación límite que los acercaría a la caída de su imperio quizás mas que cualquier otro factor.

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