Los malos entendidos que alimentan la leyenda negra.
viernes 12 de junio, 2020
Durante la conquista de las Américas acontecieron muchos hechos entre claroscuros, no todo fue tan malo, ni tan bueno como nos lo pintan la leyenda negra y la rosa.
Durante la conquista de las Américas acontecieron muchos hechos entre claroscuros, no todo fue tan malo, ni tan bueno como nos lo pintan la leyenda negra y la rosa.

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Los malos entendidos entre españoles e hispanoamericanos, de los cuales se alimenta la leyenda negra, se deben -entre otras causas- a que no se diferencia entre la política de la corona española y la conducta de los conquistadores y criollos descendientes de estos. Generalmente los malos tratos y abusos de los últimos se toman como si estos hubiesen obedecido a órdenes directas desde Madrid. Es cierto que hubo desatinos y desaciertos de la corona, que en parte se explican por la lejanía y la falta de conocimiento in situ de la realidad americana por los legisladores, pero lo que más pesa a la hora de entender los constantes abusos que se cometía contra los nativos americanos ha sido 1) la interpretación y falta de obediencia a las normas dadas por la corona y 2) la baja demográfica a mediados del siglo XVI y que dura hasta el siglo XVII.

Partiendo por este último “sabemos que la población nativa decrece notablemente, debido a los estragos producidos por enfermedades y las mismas condiciones de vida. La baja demográfica significó que las obligaciones de los indígenas fueran cada vez mayores, llegando a afectar prácticamente al íntegro de la población, con el consiguiente desarraigo de sus lugares de residencia y el resquebrajamiento de los lazos de parentesco e identidad étnica, y de ellos con las relaciones de intercambio y reciprocidad, bases de la sociedad indígena” (Cotler, 1987, p. 26).
Los españoles que contaban con enriquecer o recuperar lo invertido al ver el aminoramiento de la población van a optar por seguir con la misma rutina de trabajo, incrementándose éste para los indígenas que aún quedaban.

En cuanto a lo primero, la corona procuró dar leyes de protección a los indígenas que admiraron hasta al antropólogo Levi Strauss en el siglo XX, sin embargo del “dicho al hecho hubo mucho trecho” y muchas veces no se cumplían, un ejemplo de esto pasó con los corregidores de indios que supuestamente al reemplazar a los encomenderos iban a dar un mejor trato que estos, sin embargo en muchos casos “la amplitud de sus poderes derivó rápidamente en lo que la corona había procurado evitar. Pronto esos funcionarios se convirtieron en el símbolo de la explotación, al exigir servicios gratuitos o escasamente pagados, a la vez que se convertían en agentes monopolistas del comercio” (Ibídem, p. 26-27).

Se puede ver que “había una manifiesta incapacidad del gobierno virreinal para vigilar la actuación de sus funcionarios, encomenderos, corregidores, curas doctrineros, se transformaron en hacendados, pese a las expresas disposiciones reales” (ibídem, p. 29).

Un tercer punto se debe al malentendido de la misma época que se dio entre españoles e indígenas, debido al etnocentrismo de los primeros, se consideró que mucho de la cultura indígena era pagana y por tanto inferior a la española y por ende no servía a los planes de evangelización y subordinación de estas poblaciones a la cultura –especialmente a la religión y organización económica- dominante. Un ejemplo de esto es la creación de los pueblos de indios o reducciones indígenas donde sin respetar cómo se organizaban las poblaciones indígenas tradicionalmente. Muchas veces se colocaron en el mismo pueblo etnias que tenían relaciones antagónicas entre sí, aunque se les daba tierras comunales para su sustento, al final quedaban desarraigados de sus tierras y propios vínculos ancestrales.

Fuente principal:

Cotler, J. (1987). Clases, Estado y Nación. Instituto de Estudios Peruanos. Lima

Wilmer Mejía Carrión. Antropólogo.

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