Los matlatzincas: el pueblo de las alturas
martes 30 de junio, 2020
Fruto de las hegemonías que florecían a la llegada de los europeos, tanto los cronistas como los estudiosos modernos, han dado preferencia académica (en general) a los pueblos o capitales hegemónicas prehispánicas, razón por la cual se tienen mayores fuentes históricas. Esto dificulta el estudio de otros espacios y horizontes históricos haciendo de lado una diversidad abundante y excepcional. Este trabajo tiene la finalidad de presentar y poner en alto a las sociedades que son clave para entender Mesoamérica a profundidad y los pueblos subalterizados por la historia. Sin embargo, también debe tomarse en cuenta que, por la escasez de información, el poco interés y la poca historiografía que se tiene hoy en día, mucha de la labor ha sido con base en interpretaciones y formulación de hipótesis en correlación a las fuentes históricas hegemónicas y la arqueología.
Fruto de las hegemonías que florecían a la llegada de los europeos, tanto los cronistas como los estudiosos modernos, han dado preferencia académica (en general) a los pueblos o capitales hegemónicas prehispánicas, razón por la cual se tienen mayores fuentes históricas. Esto dificulta el estudio de otros espacios y horizontes históricos haciendo de lado una diversidad abundante y excepcional. Este trabajo tiene la finalidad de presentar y poner en alto a las sociedades que son clave para entender Mesoamérica a profundidad y los pueblos subalterizados por la historia. Sin embargo, también debe tomarse en cuenta que, por la escasez de información, el poco interés y la poca historiografía que se tiene hoy en día, mucha de la labor ha sido con base en interpretaciones y formulación de hipótesis en correlación a las fuentes históricas hegemónicas y la arqueología.

"Nro'maani Nechhútatá", del matlatzinca: Casa de los Soles o Dioses "Chicnauhtepetl": del náhuatl: "chicnahue" nueve; "tépetl" cerro Fotografía: Nicolás Gutiérrez Wenhammar, 2020.

Sobre las nubes de la Cordillera Neovolcánica Transversal, en los altos valles de Mesoamérica se levanta uno de los volcanes más altos de México: el Nevado de Toluca, o Nro’maani Nechhútatá, del matlatzinca “Casa de los Soles o Dioses” (Cazés, 1967:29). El coloso contiene en su fondo dos lagos, el Lago del Sol y el Lago de la Luna. A sus faldas norteñas y orientales se eleva el valle más alto del Altiplano Central Mexicano y también la capital más alta del mencionado país. Dicho valle también es lugar de origen de uno de los ríos más largos de México, el Río Chicnauhapan, ahora conocido como Río Lerma-Santiago, que tiene como fuente el deshielo y los inagotables manantiales que alimentan a las lagunas de Chicnauhatenco. Se ha especulado que el Nevado de Toluca pudo haber sido tan alto como el Popocatépetl, hasta que una enorme erupción hace casi 25,000 años destruyó la parte superior del cono y redujo su altura hasta 900 metros (Scheffel, et al. 1980:385).

Casa de los soles, Fotografía: Nicolás Gutiérrez Wenhammar, 2018.

En la vertiente occidental y sureña del Nevado de Toluca se encuentran unas extensas serranías que se extienden hasta la Depresión del Balsas. En este paisaje montañoso de cimas nevadas, bosques de pinos descomunales y cuerpos de agua prolíficos, donde también hay bajadas abruptas que conforman una gran diversidad ecológica en un espacio geográfico relativamente pequeño, se encontraba una configuración multiétnica y política conocida por los mexicas como Matlatzinco.

Matlatzinco es un claro ejemplo de multietnicidad, a partir del último cuarto del siglo XV y el resto del siglo XVI. Aquí convivió una gran variedad de pueblos que vestían, comían, y hablaban distintamente entre sí. Entre estos pueblos se encontraban hablantes del náhuatl, del matlatzinca o pirinda, del otomí, del mazahua y del tlahuica o atzincas (Carrasco, 1987:15, 27 y 289) incluso también se hablaba purhépecha (H. de Coria, 1987:268–269).

Además de esta riqueza en diversidad étnico-cultural, los recursos maderables, sus fertilísimas tierras, las cantidades inextinguibles de maíz, que se dice, alguna vez fue el granero de Teotihuacán, también fue cuna de una poderosa, resistente y aguerrida gente, que sabía labrar la tierra en tierras extremosas y en situaciones climáticas adversas en donde muchas veces se sufrían heladas, inundaciones y sequías. Sobre todo, eran admirables guerreros y muchas veces jugaban el papel de mercenarios mesoamericanos de sus vecinos. Estas características son las que hicieron a este pueblo y su tierra tan codiciada por los emergentes imperios mexica y tarasco, los cuales hacían cada vez más presión alrededor del siglo XIII desde ambos puntos cardinales tanto del sol naciente como del ocaso.

El nombre de matlatzinca hace referencia al nombre náhuatl: “los señores de las redes” o “gente de las redes”. Sahagún indica que “El nombre matlatzincatl tomóse del matlatl, que es la red, con la cual desgranaban el maíz y hacían otras cosas los que llamaban matlatzincas” (Sahagún, 2006:127). Esta idea puede entenderse mejor, teniendo en cuenta que, con la llegada de los grupos chichimecas en el año 1120d.C., estos observaron que los pueblos de esta región disponían de una tecnología tal vez desconocida para ellos: el uso de la red. Los pueblos que ya vivían en las zonas lacustres, la usaban no solo para pescar, sino tenía amplios usos y este fenómeno pudo ser una implementación técnica que más asombraría a las tribus nómadas que se establecieron en el centro del país, por esta razón los consideraban los señores de la red.

Ilustración adaptada del Códice Florentino, Lib. X, f. 132r (Quezada, 1996).

Sin embargo, los matlatzincas se llamaban así mismos nepintatuhui, “los de la tierra del maíz” y algunos otros como los matlatzincas que se establecieron en lo que hoy es la frontera entre Michoacán y Estado de México se les conocía con el término “netambati”, que según el Diccionario de Basalenque tiene el mismo significado que “pirinda” y que quiere decir “los de en medio” por haberse establecido dentro de los términos del imperio tarasco.

Los orígenes de los Matlatzincas se pierden en la oscuridad del tiempo, pero gracias a la arqueología se ha propuesto que En los siglos VII al IX, la relación entre lo tolteca y los otomíes es latente, pues como señala Fray Toribio de Motolinía “Porque los primeros y propios moradores de esta Nueva España eran una gente que se llamaba chichimecas i otomíes” (de Benavente y García Pimentel 1541:291). Señala Orozco y Berra al referirse a los otomíes “que en su territorio se estableció el Imperio Tolteca, cuya capital Tula era ya conocida con el nombre de Mamenhi, que no prevaleció…”(Orozco y Berra 1864:18). Con lo cual se explica la aparición de núcleos de población otomí entre los matlatzincas y mazahuas. Finalmente ya entrados en el Siglo X de nuestra era, aparece conformada una entidad política llamada Matlatzinco (Sugiura, 1998:99).

Arte rupestre tipo códice. Ixtapantongo, Estado de México (Villagrá 1954:44).

Zorita señala que el gobierno matlatzinca era ejercido por tres señores: el primero y de mayor jerarquía, el gobernante, seguido de un señor principal y un principal de guerra (Zorita, 1993:194), lo que sugiere que este triple gobierno era similar a la mayoría de las entidades políticas del altiplano central del Siglo XV.

Esta configuración política tenía varios centros de poder o inpuheti, en donde el reparto de gobierno tenía varias zonas nucleares en donde se pueden ubicar las ciudades prehispánicas de Calixtlahuaca, Tollocan (Toluca) y Teotenanco al centro; Ocuilan, Malinalco y Tenantzinco al sur; y Malacatepec, Temazcaltepec y Tejupilco al occidente.

Algunos de los ritos y fiestas que realizaban los matlatzincas estaban dedicadas al dios del fuego, las distintas entidades anímicas que emergían de este, representadas en sus altares con rasgos de orugas o serpientes de fuego, jaguares y demás felinos que sonaban en las nubes y que hacían llover, entre otras. En la relación de Tiripitío, en Michoacán, se menciona que “…ídolos de madera y piedra con la forma del demonio, feos y espantosos […] Los indios sacaban sangre de sus orejas y lenguas y a los ídolos se les untaba la sangre, lo cual les daba un hedor desagradable” (Ochoa S. y Sánchez, 1985:181). Lo mismo ocurre en la Relación de Atlatlauca: “sus ritos y adoraciones eran ydolos de piedra y madera…” (Colección Federico Gómez de Orozco [1580]: ff. 445-446).  La Relación de Temazcaltepec nos dice que el dios de esa comarca era Quequex (Covarrubias, 1579:20–21) al cual se le sahumaba, reverenciaba y ofrendaban a muertos en guerra. En el mes quecholli, que precisamente comienza el 22 de octubre y termina el 11 de noviembre, se celebraba el sacrificio de retorcimiento de víctimas en honor al dios Tolo (Velázquez, 1973:50).

Esculturas de piedra, San Lucas del Pulque, Estado de México (Gutiérrez Ruano, 2020:194).

La guerra pohui, para los matlatzincas fue muy importante, pero también la paz y los tratos no eran subestimados, fueron siempre bien pensados de manera autónoma en cada uno de los diferentes inpuheti de la confederación. En este sentido, las cuestiones de la guerra y la paz estaban bien organizadas por el audaz consejo, quienes mandaban por encima de las funciones del gobernante o hablador (Durán, 1984:273). Bajo esta jerarquía, se encontraban los jefes menores de los cuales el capitán behhorita mandaba a los guerreros huebethihui. Según las Relaciones de Atlatlauca y Teotenango, peleaban con arcos, flechas, espadas de palo con pedernales, porras, rodelas y dardos con puntas de navaja (Covarrubias, 1579:27).

Al más puro estilo “guerra de guerrillas”, los matlatzincas acechaban desde los montes en su escarpado y bien defendido territorio, sobre las cimas, divisaban las anomalías que ocurrían en el paisaje y los exploradores hepenaa avisaban al capitán para desplegar, en caso necesario a los honderos huebepyhuetho y los flecheros huebethahabi (Quezada, 1996:45) quienes tenían fama por su técnica y destreza en el uso de en estas armas.

Sus ciudades estaban bien situadas a manera de fortalezas naturales, siempre usando el paisaje a su beneficio. Temazcaltepec estaba fundado en… “…un risco o peñasco […] donde tenían hechos [temascales[1]]” (Covarrubias 1579:140). Lo mismo para Teotenanco, cimentado en un pedregal que se conoció más tarde como las “Murallas Tenango”, del náhuatl “muro de piedra”, y Malinalco, que se encuentra en un desfiladero. Tejupilco, “…tiene otra fuerza, que es otro risco muy alto de peña tajada que se llama Tlapitzaltepeque, que asimismo les servía de fuerte y defensa contra los mismos indios tarascos. Y con ser tierra caliente, en lo alto de él hay muchos pinos y es tierra fría, y es casi inexpugnable”. Otra fortaleza era la de Texcaltitlan que tuvo “…por fortaleza un risco grande de peña que en su gentilidad les servía de fuerte” ([Covarrubias 1579] Acuña, 1986:27). Misma situación el magestuoso sitio de Ziráhuato, en donde se ha abierto la posibilidad de que desde aquí se controlaba el paso de grupos de mercaderes para garantizar el comercio de productos del centro de México hacia Occidente y viceversa.

Matlatzinco, abarcaba un extenso territorio y a su vez generaba también áreas mayores de influencia. Esto puede visualizarse bien por ejemplo en 1410, cuando los chalcas, situados fuera del territorio matlatzinca en el valle de México, amenazados por el creciente señorío mexica, tan pronto como se supo, trataron de formar una alianza en contra de los mexicas al ver que el poderío de estos iba en aumento bajo el reinado de Huitzilíhuitl.

Área Matlatzinca.
Recordemos que este mapa no aplica desde una perspectiva territorial, sin embargo,
nos da una idea de la situación geográfica de algunos de centros de poder prehispánicos.

Varios señoríos entre ellos los de “…Toluca, Mazahuacan y Xiquipilco se enojaron mucho y dijeron: ‘Vamos a concertar un concierto contra los mexicanos, declaremos su guerra por haber asustado a los señores de Chalco, ¿no son los chalcas nuestros protectores?’” (Chimalpahin, 1889:85–86).

Axáyacatl respondió ante este suceso: “Ea, mexicanos balerosos, aquí es menester uro ardimiento y esfuerço para ganar onrra o morir  balerosamente muriendo en justa batalla, pues sabéis que nos aguarda para este bien el gran tetzahuitl Huitzilopochtli, e aguixemos los chalcas y los chinanpanecas y Suchimilco e a los de las sierras de Tacuba, los montañeses, los matlatzinca” (Tezozomoc, et al. 2001:131).

Por otro lado, décadas más tarde, alrededor del año 1450 el poderoso vecino de Matlatzinco occidental, el naciente imperio tarasco, o Tzintzuntzan Irechecua, ascendía en una racha poderosa de autoridad suprema bajo el mandato del soberano Cazonci Tzitzipandácuare quien sometía por la fuerza a las cabezas de los señoríos de Michoacán.

Es necesario señalar que según la Relación de Michoacán, (Alcalá, 1980:166–167 y 173) Tzitzipandácuare, que fue contemporáneo de Axáyacatl, hizo “algunas entradas hacia Toluca y Xocotitlán y le mataron en dos veces diez y seis mil hombres” haciendo en otras veces cautivos; lo que nos informa que fueron varias estas incursiones tarascas dentro de algunos de los inpuheti renegados.

Así entonces los tarascos buscaron la forma de que estos fuertes guerreros ayudaran mejor al cazonci de Michoacán. Aunque traían guerra “…con los indios de Xocotitlan, que son en su frontera… esto era por la banda del oriente; y que, al poniente, el dicho señor [el cazonci] tenía guerra con los de jalisco y la gente de este pueblo le iban a ayudar” (Acuña, 1987:63–64).

Ello explica cómo los matlatzincas fueron en auxilio “de vnas guerras que el Rey desta provincia de Michoacan tenían con los tochos y teusexes para la qual pidió socorro a sus vesinos los de Toluca y auiendo vencido seis capitanes con soldados y alcançada la victoria gustaron de quedarse en este reino”(Basalenque, et al. 1975).

De esta forma, los inpuheti occidentales mantuvieron buenas relaciones con los capitanes tarascos. Ejemplos de estos pueblos fueron Huetamo y Charo (nombre que tomó en honor al Characu, o “Rey niño”, el príncipe de Tzintzuntzan, hijo de Tzitzipandácuare, Zuangúa).

El estado tarasco logró adherir a los pirindas o matlatzincas más occidentales, en sitios como Yuririapúndiro, Acámbaro, Ucareo, Maravatío y Taximaroa, pero al mismo tiempo extendiendo sus dominios ocupando lugares como Turundeo, Tuxpan, Jungapeo, Ziráhuato, Macutzio, Zitácuaro, Camémbaro, Zacapendo, Timbineo y Enandio, y hacie el Sudeste con rumbo a la Tierra Caliente, asentándose en Susupuato, Tuzantla, Tiquicheo, Archiricato, Cutzio, Huetamo, hasta llegar a Cutzamala donde existía una extraordinaria guarnición militar (Beaumont, 1932:301). Por ello también se explican nombres purhépechas en el actual occidente del Estado de México: pueblos como Tingambato del Sur, Chongupo, Mirándaro y Copándaro.

Se habla de que en la misma campaña de expansión llegaron a las inmediaciones de Tetela, en territorio mexica, por lo que se apostaron en Cutzamala. En esta región por tanto, fue inevitable el enfrentamiento entre los dos grupos. Pero Tzitzipandácuare traspuso las serranías que lo separaban de la extensa región de Toluca y se extiende hasta Xiquipilco (víd. Códice Telleriano Remensis, 1572), tierra ocuilteca en el seno de Matlatzinco.

Teotenango, Estado de México. Fotografía: Patricio Gutiérrez Ruano, 2018.

En 1471 los mexicas, ante la nueva amenaza por la hegemonía tarasca, entendieron la importancia de controlar el Valle de Toluca y se dieron a la tarea de someter a los matlatzincas. En estos años los mexicas “hicieron suyos[2]” los pueblos serranos del Ajusco y los pueblos lacustres de Chicnauhtenco llegando también hacia las tierras mazahuas del oriente michoacano en Taximaroa, lo cual significó el enfado de este sector de pirindas, quienes -proponemos- para ese entonces tenían buena relación con los tarascos. Estas contiendas causaron preocupación al cazonci, o señor de Michoacán, por ser una embestida directa a los dominios tarascos.

A raíz de ese revés, muchos de los pueblos del Valle de Toluca que se veían sojuzgados ante las ya históricas venganzas y guerras contra los mexicas, simplemente evitaban el conflicto y pagaban tributo, pero otros trataron de liberarse; a eso se debe que pidieran abrigo y protección al cazonci a cambio de colaboración bélica. Las fuentes registran otra oleada migratoria de otomíes provenientes de Toluca dirigidos por un principal llamado Timax, a quien el cazonci le designó como su lugar de residencia el pueblo de Taimeo, cerca de Zinapécuaro (Guzmán Pérez 2012:25).

De la misma manera habían matlatzincas “originarios de Toluca” que se ofrecieron como vasallos a los uacúsecha (nobleza tarasca) en Cutzio y Huetamo.  Otros migrantes procedentes de Matlatzinco son registrados como… “…otro señor otomí llamado Ucelo Apanze llegó a Necotlán” (víd Relación de Taimeo en Acuña, 1987:273–278). También hay noticia de asentamientos fundados en Tuzantla y Acámbaro (víd. Relación de Tuzantla en Acuña, 1579:154–161). Sin embargo, en el último caso no fueron recibidos por Tzitzipandácuare, sino por Tariacuri, su tío abuelo, el gran héroe cultural uacúsecha quien ya gobernaba por lo menos desde unas dos o tres décadas antes (Acuña, 1987:49–72).

Tantas guerras y disputas en los diferentes inpuheti matlatzincas generaron desestabilidad. Incluso los mexicas lograron penetrar en núcleos tan importantes como Calixtlahuaca, el cual no quedó exento del pago de tributos. Sin embargo, arqueológicamente se ha observado que otros núcleos poderosos como Temazcaltepec, Tejupilco y Malacatepec ni en sus edificios ni en la cerámica tuvieron influencia mexica, incluso no aparecen en la relación de pueblos tributarios, por lo que se puede suponer que no quedaron sometidos totalmente y gozaron de cierta libertad (Murillo Rodríguez 2002:101).

Calixtlahuaca, Estado de México. Fotografía por Patricio Gutiérrez Ruano, 2019.

Además de tener guerras contra los tarascos y los mexicas, los matlatzincas tenían , a parte históricas disputas en el sur y en la Tierra Caliente suroccidental. Las hostilidades y las alianzas nunca fueron estables. Las escaramuzas rondaban por el sur contra los de Iguala, Cocula y Teloloapan

Se ha hablado de un exilio hacia las tierras tarascas. Pero si revisamos, estas tierras antes de los planes expansionistas de Tzitzipandácuare, ya eran otomíes y mazahuas gente que co-habitaba históricamente en las áreas de influencia matlatzinca además de que como se ha dicho en el párrafo anterior, los grupos regionales escogían a qué amo servir y pagar tributo a cambio de protección o alianzas internas en contra de un enemigo común (Brambilia Paz, 1997:131).

Relación de Temazcaltepec, Gaspar de Covarrubias, 1579. Archivo General de la Nación.

El nuevo orden tarasco trajo consigo una muy inteligente y “automática” conquista o adhesión y protección de dichos pueblos, pero la historia no la había descrito así. Esto puede visualizarse como una absorción “automática” de los inpuheti matlatzincas por la única razón del reniego ante las imposiciones del imperio mexica y la preferencia y aceptación de las libertades que le proveía el estado tarasco. Una nueva propuesta invita a repensar la supuesta alianza de los matlatzincas con los mexicas para combatir en las guerras de Taximaroa, sino, precisamente lo contrario, los matlatzincas ya eran parte del bando tarasco.

Los intentos de la triple alianza mexica por derrotar por completo a los matlatzincas fueron un fracaso ante esta invisible alianza: “…no les pudieron entrar ni ganar cosa alguna de su tierra, a lo menos trajeron los mexicas plata y cobre de la que pudieron robar en algunos reencuentros y alcances que hicieron en seis meses que duró la guerra…”(Muñoz Camargo, 1986:148).

Recordemos que al haber sucumbido finalmente los chalcas y muchos otros pueblos del Valle de México ante Axáyacatl, el señor de Toluca, y su hijo principal, el señor de Tenancingo, comenzaron a tener disputas internas: el inpuheti de Matlatzinco se veía amenazado.

Tanto en el Valle de México como en el de Toluca, unos pagaban el tributo y otros se aferraban a defender la soberanía por las armas. El principal de Tenancingo, hijo del soberano de Toluca se dirigió a este último: “yo entiendo que venir á ensuciar mis armas en vuestra sangre. Lo propio le replicó el principal de Tenantzinco; vinieron a conclusión de que el que venciera al otro le tributara y quedara por su tributario” (Tezozomoc et al. 2001:202–203). El señor de Tenancingo reunió a sus principales que formaban el consejo y  después de plantear el problema decidieron ir a dar parte a Axáyacatl (Durán 1984:272).

Cuando Axáyacatl oyó esta queja, envió a decir a los matlatzincas que quería que le construyasen una batea de piedra. Al oír esto el soberano de Toluca respondió “que piedra grande no tenían, ni tablones, ni vigas de cedro, que por allá las buscasen que ellos no tenían nada de eso” … “vea yo antes de que muera, sujeta esa provincia á la corona mexicana como las demás” (íbid).

“De cómo se asentaron las dos piedras y cómo
sacrificaron a los matlatzincas en la fiesta y
estreno de ellas”. Códice Durán, Lám. 12.

Ya se ha dicho que algunos autores afirman que fueron los matlatzincas quienes colaboraron en las campañas militares en contra de los tarascos. Sin lugar a dudas, se les impuso a muchos pueblos matlatzincas, otomíes y mazahuas el pago de impuestos ante la imposición de Axáyacatl. Sin embargo, ante estos testimonios es posible que quienes hayan participado directamente al lado de los mexicas en las contiendas de guerra hayan sido sus aliados tripartitos, los principales señores oriundos del Valle de México como Nezahualpitzin de Texcoco, Ahuitzotzin de Atlacuihuaya (Tacubaya) y Chimalpopocatzin de Tlacopan, estos dos últimos eran grandes ciudades en donde también moraban gentes otomíes -muchas veces confundidos por los cronistas del S. XVI- que comprendían la organización de sus algunas veces aliados y vecinos matlatzincas.

Esta idea se refuerza al leer que: “En dicho tiempo de la infidelidad en las dichas tierras donde está poblada la dicha Villa de Toluca no había población de ella, ni caciques, ni señores de ellas, sino el dicho Axacayaca y Moctezuma su hijo cuyos eran, y a los cuales reconocían como señores, porque sacaban los que en ella se cogían… ni pagaron tributos, ni frutos… al cacique de dicha Villa de Toluca porque no hubo” (Zorita 1993:200).

Asimismo, la porción sur de Matlatzinco caía en las disputas imperialistas desde los reinados de Tízoc y Ahuítzotl. Por el lado occidental, las administraciones autónomas pirindas defendían los yacimientos de sal ubicados en el territorio de Tejupilco ante los tarascos. Tanto los tarascos como los mexicas y sus aliados cuidaban sus intereses mediante ejércitos estacionados en estos sitios estratégicos y muchas veces fortificados, como fue el caso de Oztuma y Tejupilco. Como la sal era uno de los artículos más preciados tanto por el gobierno de Tenochtitlan como por el de Tzintzuntzan, los matlatzincas de la zona quedaron atrapados ante los cargos tributarios de ambos. Aunque la incorporación de los pueblos al estado tarasco implicó algunos cambios, no fue una ruptura total de las anteriores estructuras políticas, económicas y religiosas. Si bien las fuentes sólo nos hablan de los tributos pagados al cazonci o irecha, también los nobles regionales matlatzincas recibían tributos de sus súbditos. Se trataba de un complejo sistema de relaciones tributarias a distintos niveles (Roskamp et al. 2003:77). Sumado a esto, los mexicas arremetían con un pago consistente en 2,000 panes de sal cada seis meses para consumo exclusivo de la nobleza (Valle Pérez, 1998:377).

A su vez, el bastión sureño de Malinalco también sucumbía ante las reformas administrativas mexicas. Los nuevos altepeme[3] eran ya 35 agrupados en cinco provincias tributarias: Xilotepec, Quahuacan, Toluca-Calixtlahuaca, Ocuilan y Malinalco.

Una última y triste incursión mexica ocurrió en el año 1517 cuando Tlahuicole, un guerrero tlaxcalteca al servicio de Motecutzoma II, organizó otro gran ejército, sin embargo, se encontró con una sólida resistencia producto del orden tarasco occidental, compuesto básicamente de confederados pirinda-matlatzinca, que como hemos visto, estaba conformado a la vez de sus soberanos otomíes y mazahuas. Cabe destacar que esta porción norteña de Matlatzinco fue retomada por el Cazonci, poco antes de la llegada de los europeos. Así, años más tarde, según la visita de Antonio Caravajal, “Istlahuaca” quedó sujeto al Cazonci y no a los nobles mexicas (víd Cuadro 1, Warren, 1977:93).

En el ocaso de la confederación autónoma de Matlatzinco, el asedio militar y cambios estructurales que devenían de diferentes ordenes, se desfragmentaba por los dos pujantes imperios más grandes de Mesoamérica. En este meollo, sucedió lo que llamaríamos “la gota que derramó el vaso”: la llegada de Cortés.

Un nuevo orden, el europeo, estaba imperando en Mesoamérica y los asuntos abordados que implicaban el desconocimiento de los señores supremos de las hegemonías imperantes como receptores del tributo imperial estaba latente.

Códice Temazcaltepec, 1532 (Gónzález Reyes 2010).

Luego de la orden de Cortés, la fragmentación se llevó a cabo en el reparto del territorio a través de las encomiendas, lo cual quedó en la jurisdicción de los antiguos señores étnicos por lo que Matlatzinco para entonces ya cargaba sobre sus hombros una herencia ancestral de indefinición de términos (González Reyes 2010:35).

Es interesante notar que, cuando en 1531 Cortés regresa de España con el título de marqués, reclama un derecho exclusivo en Toluca y Calimaya. A pesar de ello, el flamante marqués (íbid.) reclama los lugares aledaños a Toluca, como el antiguo altépetl que abarcaba los asentamientos mazahuas del occidente, donde se incluía Malacatepec (Gerhard et al.:180).

Así, bajo las riendas de la autoridad virreinal, los problemas heredados de los matlatzincas fueron peleados bajo audiencias reales. Entre ellas destacan las denuncias hacia los pirinda-matlatzincas occidentales:

“…en la denuncia presentada por los habitantes de Zinacantepec, se destacaba cómo algunos naturales de Temascaltepec de filiación matlatzinca, traspusieron los límites para ocupar los términos y tierras de los primeros” (González Reyes 2010:41).

“…los naturales purépechas de Tuzantla acusaron a los temascaltepecas de trasponer los términos y mojones de aquel lugar como lo habían hecho dos décadas antes…” (íbid.).

“…los naturales de Malacatepec, propusieron una averiguación de las mojoneras con Temazcaltepec…” (íbid.).

Es probable que la llegada de los españoles al antiguo Matlatzinco haya sido percibida por aquellos grupos marginados como una posibilidad de sacudirse el yugo de las hegemonías imperantes en tiempos de la conquista. Ello explica por qué Cortés siempre tuvo seguidores “otomíes” a su vera, reclamando el patrimonio que a lo largo de la historia prehispánica injustamente les fue incautado.

Nevado de Toluca, vista al oriente. Iztaccíhuatl y Popocatépetl al fondo. Fotografía: Dylan Gutiérrez Wenhammar, 2018.

 

[1] Baños de vapor prehispánicos. En el texto original dice “baños”, sin embargo, debe entenderse que el autor, estaba “haciendo la averiguación destos pueblos” y escribió esta Relación Geográfica en 1580.

[2] Debemos entender que la estrategia de guerra mexica difiere a una conquista de destrucción y eliminación. En contraste, se habla del impuesto o cobro tributario a costa de amenaza bélica.

[3] Organización política traída del Valle de México.

 

Bibliografía.

Acuña, René
1987 Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán. Instituto de Investigaciones Antropológicas. Serie Antropológica 74. Universidad Nacional Autónoma, Mexico.

Alcala, Fray Jeronimo
1980 La relación de Michoacán. estudios michoacanos, Michoacan, Mex.

Basalenque, Diego, María Elena Bribiesca Sumano, Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, and Archivo Histórico
1975 Arte y vocabulario de la lengua matlaltzinga vuelto a la castellana. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, México.

Beaumont, Pablo
1932 Crónica de Michoacán. Secretaría de Gobernación, México.

de Benavente, Toribio, and Luis García Pimentel
1541 Memoriales de fray Toribio de Motolinia. Editado por Francisco del Paso y Troncoso, Vicente de P Andrade, and José María de Agreda y Sánchez.

Brambilia Paz, Rosa
1997 Los estudios de Territorio. El caso de la frontera Mexica-Tarasca. Revista de Arqueología Americana(13):115–149.

Carrasco Pizana, Pedro
1987 Los otomíes: cultura e historia prehispánica de los pueblos mesoamericanos de habla otomiana. Ediciones del Gobierno del Estado de México, Toluca, Méx.

Cazés, Daniel
1967 El pueblo matlatzinca de San Francisco Oxtotilpan y su lengua. Escuela Nacional de Antropología e Historia, Sociedad de Alumnos, México.

Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, Domingo Francisco de San Antón Muñón, y Rémi Siméon
1889 Annales de Domingo Francesco de San Anton Muñon Chimalpahin Quauhtlehuanitzin. 6.e et 7.e relations (1258-1612), publ. et trad. par Rémi Siméon. Maisonneuve & Leclerc, Paris.

Coria, Hernando de
1987 Relaciones geográficas de Sirándaro, Guayameo y Cuseo. Edited by René Acuña. Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán, México. Universidad Nacional Autónoma de México.

Covarrubias, Gaspar de
1579 Relaciones de las minas de Temascaltepeque y de los pueblos de Texcaltitlan, Cabecera de todos, Temazcaltepeque y Texulpico. Edited by René Acuña. (Archivo General de Indias). Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Durán, Fray Diego
1984 Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme. 2a ed. Vol. Vol. 2. Porrúa, México.

Gerhard, Peter, Stella Mastrangelo, and Reginald Piggot
Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. Universidad Nacional Autónoma de México.

González Reyes, Gerardo
2010 Códice Temascaltepec: gobierno indio y conflictos territoriales en el siglo XVI. Gobierno del Estado de México, México.

Gutiérrez Ruano, Patricio
2020 La escultura en piedra en época prehispánica: el caso del occidente del Estado de México y oriente de Michoacán. Tesis de licenciatura, Departamento de Arqueología, Escuela Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

Guzmán Pérez, Moisés
2012 “Otomíes y mazahuas de Michoacán, siglos XV-XVII: Trazos de una historia”. Revista Tzintzun, (55):11–74.

Muñoz Camargo, Diego
1986 Historia de Tlaxcala. Cátedra, Madrid.

Murillo Rodríguez, Silvia
2002 La vida a través de la muerte: estudio biocultural de las funerarias en el Temazcaltepec prehispánico. Instituto Nacional de Antropología e Historia : Plaza y Valdés, México, D.F.

Orozco y Berra, Manuel
1864 Geografía de las lenguas y carta etnográfica de México: precedidas de un ensayo de clasificacion de las mismas lenguas y de apuntes para las inmigraciones de las tribus. F.M. Andrade y F. Escalante, México.

Quezada Ramírez, María Noemí
1996 Los Matlatzincas: época prehispánica y época colonial hasta 1650. Universidad Nacional Autonoma de México, México.

Roskamp, Hans, Colegio Mexiquense, and El Colegio de Michoacan
2003 Los códices de Cutzio y Huetamo: encomienda y tributo en la tierra caliente de Michoacán, siglo XVI. El Colegio de Michoacán : Colegio Mexiquense, México.

Sahagún, Bernardino de, Garibay K, and Angel María
2006 Historia general de las cosas de Nueva España. Editorial Porrúa, México, D.F.

Scheffel, Richard L, Susan J Wernert, and Reader’s Digest Association
1980 Reader’s Digest natural wonders of the world. Reader’s Digest Association, Pleasantville, N.Y.

Sugiura, Yoko
1998 “Desarrollo histórico en el valle de Toluca antes de la conquista española: proceso de conformación pluriétnica”. Editado por Yolanda Lastra y Noemí Quezada. Estudios de cultura otopame Año 1, Núm 1. Revista Bienal.

Tezozomoc, Hernando de Alvarado, Gonzalo Díaz-Migoyo, and Germán Vázquez
2001 Crónica mexicana. Dastin, Las Rozas (Madrid).

Valle Pérez, Perla
1998 Carrasco, Pedro. Estructura político-territorial del imperio tenochca. La Triple Alianza de Tenochtitlán, Tetzcoco y Tlacopan, México: El Colegio de México, /Fondo de Cultura Económica, 1996, 670 p. Dimensión antropológica 12:129–134.

Velázquez, Gustavo G
1973 Quienes fueron los matlatzincas. México.

Zorita, Alonso de
1993 Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva España. Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F.

0 comentarios

Enviar un comentario

Recibe nuestro boletín

Intereses