Orígenes biopsicológicos del racismo.
domingo 19 de julio, 2020
Un tema realmente fascinante aunque muy complejo y que se sintetiza en que: los mecanismos psicológicos que podríamos considerarla base del racismo, la violencia y la discriminación, tienen orígenes prehistóricos ligados a nuestro desarrollo como especie, sin embargo, no podemos ignorarlos pues en su comprensión y reconocimiento pueden estar las esperanza para generar un mejor futuro.
Un tema realmente fascinante aunque muy complejo y que se sintetiza en que: los mecanismos psicológicos que podríamos considerarla base del racismo, la violencia y la discriminación, tienen orígenes prehistóricos ligados a nuestro desarrollo como especie, sin embargo, no podemos ignorarlos pues en su comprensión y reconocimiento pueden estar las esperanza para generar un mejor futuro.

Mural: "Las razas" 1962 de Jorge González Camarena en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México

 

Para comprender nuestra naturaleza, historia y psicología,

hemos de penetrar en la cabeza de nuestros antepasados

cazadores-recolectores.

Yuval Noah Harari, Historiador

Del libro Sapiens… (Harari 2014).

 

 

Preludio.

Los seres humanos son animales; comparten la mayor parte de su código genético con los chimpancés; hasta casi un 99% (Salamanca-Gómez, 2005) y por ello no debería sorprendernos que en general mucho de nuestro comportamiento sea igual al de estos primates, aun y a pesar de que, por causa de nuestro cerebro seamos particularmente racionales entre los miembros de nuestra familia. Por lo que las bases que le dan forma al racismo, pueden tentativamente rastrearse a un estado realmente arcaico en nuestro desarrollo como especie.

Lo anterior cabe destacar no es un tema desconocido a la psicología evolutiva y al respecto nos comenta el celebre Yuval Noah Harari en su famoso libro Sapiens de animales a dioses:

El campo floreciente de la psicología evolutiva argumenta que muchas de nuestras características sociales y psicológicas actuales se modelaron durante esta larga era preagrícola. Incluso en la actualidad, afirman los expertos de este campo, nuestro cerebro y nuestra mente están adaptados a una vida de caza y recolección. (Harari 2014) Sapiens,Parte I capitulo 3.

Imagen compartida en Wikimedia Commons por el usuario Frank Vincentz basada en otra de UNiesert del museo Museo del Neanderthal de Mettmann bajo la licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

Consideremos un ejemplo a continuación que nos demuestra que los seres humanos actuales manifestamos comportamientos de origen arcaico que incide en nuestras vidas.

Una analogía para echar luz a nuestra herencia prehistórica, el caso del gen gordo.

La preferencia tan acentuada a por consumir azucares y grasas entre los humanos modernos, causal de obesidad y problemas derivados hoy día en nuestra especie, se explica por el hecho de que en sus orígenes, los seres humanos no tenían un acceso continuo a productos de estas características y como tales alimentos provén al organismo que los consume muy rápidamente de energía, (lo que en épocas de escasez resulta particularmente bienvenido) deben de haber tenido gran relevancia para garantizar la supervivencia de la especie (Harari 2014) y véase (Karra et al., 2013).

Además al no ser tan comunes o fáciles de conseguir su consumo no provocaba los problemas actuales, al menos no comúnmente, por el contrario su consumo podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.

La miel es junto con la fruta uno de los pocos alimentos dulces que los ancestros del ser humano podía conseguir, fuente de la imagen: Pixabay.

De esa manera y por causas evolutivas la preferencia natural por alimentos con un alto contenido energético quedo marcada en el ADN de nuestra especie como un factor que podía en su contexto beneficiarnos.

Sin embargo hoy día, aunque no tenemos escasez de tales alimentos, nos seguimos comportando como si estos fueran fundamentales para nuestra supervivencia, por lo cual su deseo nos es natural a la mayoría; volviéndose una parte de nuestra naturaleza en nuestra contra, pues hoy ya no estamos en la prehistoria, aunque eso nuestro organismo, nuestro ADN no lo sabe. De manera que podemos concluir que como en sus orígenes, el ser humano debió pasar carencias por periodos de tiempo muy prolongados el consumirlos se volvió una preferencia importante y cito de Sapiens de animales a Dioses:

¿Por qué razón, si no, la gente se atiborra de comida con un elevado contenido calórico que no le hace ningún bien al cuerpo? Las sociedades ricas actuales están a punto de padecer una plaga de obesidad, que se está extendiendo rápidamente a los países en vías de desarrollo. La razón por la que nos regodeamos en los alimentos más dulces y grasientos que podemos encontrar es un enigma, hasta que consideramos los hábitos alimentarios de nuestros ancestros recolectores. En las sabanas y los bosques en los que habitaban, los dulces con un alto contenido calórico eran muy raros y la comida en general era escasa. Un recolector medio de comida de hace 30.000 años solo tenía acceso a un tipo de alimento dulce: la fruta madura y la miel. Si una mujer de la Edad de Piedra daba con un árbol cargado de higos, la cosa más sensata que podía hacer era comer allí mismo tantos como pudiera, antes de que la tropilla de papiones local dejara el árbol vacío. El instinto de hartarnos de comida de alto contenido calórico está profundamente arraigado en nuestros genes…(Harari 2014) Sapiens capitulo 3 parte 1.

Lo anterior es ampliamente aceptado por la mayoría de investigadores, (aunque no por todos), pero sobre todo, lo anterior es valido para los homo sapiens de antes de la denominada revolución cognitiva y como consecuencia de ello el ser humano sigue teniendo en la actualidad una fuerte tendencia a por consumir grasas y alimentos dulces o ricos en carbohidratos.

Sobre la revolución cognitiva esta es según Harari:

La aparición de nuevas maneras de pensar y comunicarse, hace entre 70.000 y 30.000 años […] ¿Qué la causó? No estamos seguros. La teoría más ampliamente compartida aduce que mutaciones genéticas accidentales cambiaron las conexiones internas del cerebro de los sapiens, lo que les permitió pensar de maneras sin precedentes y comunicarse utilizando un tipo de lenguaje totalmente nuevo. (Harari 2014) parte I Capitulo 2 .

En Wikimedia Commons reconstrucción de un Homo neanderthalensis en Landesmuseum für Vorgeschichte Sachsen-Anhalt en Halle, Alemania.

Y es que estamos adaptados a las condiciones propias de la escasez y aun la capacidad que tenemos para almacenar grasas, es un indicio de ello caracterizado por a constante de como funciona nuestro metabolismo, con una tendencia importante al almacenamiento de grasa caracterizado por un fuerte deseo por consumir grandes cantidades de calorías que se intensifica ante la falta de alimentos y aumenta particularmente ante la pérdida de grasa corporal, aun si se tiene sobrepeso, la perdida de esta grasa, el cuerpo la interpreta siempre como un peligro al que debe combatir y la consecuencia es la liberación de la hormona grelina para aumentar el deseo por comer, sobre todo alimentos calóricos.

El hambre entonces, debemos imaginarnos, fue un enemigo constante de la humanidad aunque muchos de nosotros ya no estamos expuestos como nuestros ancestros a periodos prolongados de hambre y sin embargo estamos adaptados para ellos, para sobrevivirles y hoy, donde la comida es de fácil acceso, somos finalmente víctimas de nuestros instintos, presas de nuestras adaptaciones biológicas, pues en el fondo aun y a pesar de la abundancia, los instintos no hacen volver a enfrentarnos a la posibilidad del hambre, razón por la que el ansia de consumir hasta hartarnos no nos abandona, produciéndose sin embargo un exceso en el consumo que paradójicamente es tan perjudicial como el hambre misma.

Tomada de Wikimedia Commons, una reconstrucción del niño de Neanderthal por Tom Björklund bajo la licencia  internacional Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International

Y sin embargo, la disciplina, la educación y el conocimiento de lo anterior y de nuestro organismo, nos permiten domar nuestra esencia primitiva y aun moldear nuestro físico, (al menos hasta cierto punto) a nuestra voluntad, de manera que aunque en la practica el instinto nos acosa, también en la práctica, nos es posible evitar caer ante nuestros instintos y pretérita configuración. Es ahí donde la distinción racional que tenemos como especie, nos diferencia del resto.

Posibles orígenes del racismo en la prehistoria humana.

Seguramente en este momento ya habrán captado el punto de señalar la anterior analogía, pues de modo similar al caso anterior, es muy probable que un importante número de problemas que solemos tener como especie, provengan del hecho que estamos mejor adaptados a vivir como nómadas cazadores y recolectores, enfrentándose al hambre, a la naturaleza o al clima, que como pacíficos ciudadanos del mundo moderno.

Sin embargo, el caso anterior nos muestra también que podemos controlar nuestros impulsos, por lo cual no debemos temer que los orígenes biológicos de nuestra violencia nos impidan buscar la paz y la estabilidad que anhelamos. Reitero de modo similar a la condición anterior, es muy posible que nuestras actitudes de hostilidad hacia otros seres humanos tengan un origen en la prehistoria de nuestra especie.

Imagen en Wikimedia Commons del Museo de Historia Natural, Wolfgang Sauber bajo la licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International.

Después de todo muchos otros seres vivos son capaces de gran violencia contra miembros de su propia especie, siempre por razones que garanticen su supervivencia por encima de la del resto, por ello no es extraño, encontrar ejemplo de luchas feroces, incluso a muerte entre miembros de la misma especie.

© Yann Forget  /  Wikimedia Commons  /  CC-BY-SA .

Ahora bien, Las razones que normalmente llevan a los miembros de la misma especie a la violencia suelen estar muy estrechamente vinculadas a garantizar la supervivencia y por ello el defender los recursos disponibles tiende a ser el causal de estallidos de violencia más fácil de identificar (aunque evidentemente no el único).

Anolis marmoratus (mâles) en Wikimedia Commons del usuario: Filo gèn ‘bajo la licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International .

Sin embargo, cuando los recursos son abundantes la violencia disminuye, pues los miembros de dicha especie no requieren de competir entre ellos de la misma forma, esta regla en particular parece tener validez para nuestros parientes más cercanos, los chimpancés y los bonobos (Wilson et al., 2014).

Chimpancés imagen de Wikimedia Commons

Los chimpancés son bastante violentos, pueden, por asombroso que parezca, iniciar verdaderas guerras entre sí, como lo demostraron los hechos de 1974 en el Parque Nacional de Gombe en Tanzania, en que se libro una guerra civil, entre estos primates, conflicto que tuvo 4 años de duración, un comportamiento ciertamente muy similar al de los seres humanos (Ruiz 2010).

pero el bonobos, o chimpancé pigmeo, suelen ser mucho más pacífico y manifiesta comportamientos equivalentes al altruismo, con mayor frecuencia que los chimpancés, destaca que cuando se encuentran grupos diferentes de bonobos, las relaciones que entablan tienden a no ser violentas, mientras que los chimpancés son bastante hostiles a los extraños. Esto parece tener su origen en el hecho de que cuando ambos grupos evolucionaron, la carencia de recursos en la región donde vivían los chimpancés era más pronunciada, orillando a la especia al desarrollo de comportamientos violentos aun hacia miembros de la misma, para garantizar su supervivencia individual (Wilson et al., 2014). Los bonobos en cambio son menos agresivos, lo que coincide con un entorno mayor en recursos.

Bonobo imagen de Pierre Fidenci autoriza el uso de las imágenes por él publicadas en el sitio web calphotos.berkeley.edu bajo la licencia Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5

Podemos entonces suponer que algunos de los antepasados más antiguos de los seres humanos modernos, debieron tener un desarrollo similar al que probablemente moldearía el desarrollo de los chimpancés, pues su agresividad hacia miembros de su propia especie es notoria.

Y sobre ello es de destacar que su complejidad intelectual no exime de la violencia al humano, antes bien, les ayuda a justificarla, pues muchas veces las causas de un conflicto son realmente prosaicas y hasta propias de la prehistoria, recursos, tierra o espacio vital… Aunque las agresiones humanas suelen disfrazarse con argumentos lógicos para enmascarar la cruda realidad y darle legitimidad a los actos violentos propios de nuestra especie, en lo que podemos interpretar como un efecto natural de la disonancia cognitiva, tan común a la humanidad.

Y cito de la psicóloga Andrea Pérez:

Cuando hacemos algo contrario a lo que pensamos, o en nuestro pensamiento hay dos ideas, creencias o emociones opuestas surge una sensación incómoda que intentamos eliminar mediante razonamientos […] Las explicaciones apaciguan nuestro malestar y calman nuestra mente. Suele resultar más sencillo darle un porqué a nuestros actos, después de llevarlos a cabo y que no nos deje en mal lugar, que admitir que nos hemos equivocado o que nuestro interés no era tan noble. (Pérez 2019).

Y es sabido que de los que somos presas en este particular, es de nuestra capacidad de autojustificarnos sin importar estemos o no errados, como un mecanismo psicológico bastante común para mantenernos coherentes con el cual casi cualquier acción cruel, tiende a encontrar un justificante, lo que por desgracia es la constante en la Historia humana.

Pero la causa primaria de la violencia propia de los homo sapiens, tiene que tener un origen en un determinado contexto. Es decir, debe de existir un motivo que dirigiera a nuestra especie a la violencia entre pares, tal motivo podemos considerar, es seguramente el mismo que motiva a nuestros primos los chimpancés, con la diferencia de que ellos no necesitan alegar pretextos o inventar casus belli para actuar contra otros de su especie.

  Albert Anker 1886 Der Phahlbauer Dominio publico.

Para comprender mejor esto, consideremos la siguiente analogía:

Imaginemos que estamos en la prehistoria más arcaica de la humanidad. Nuestro grupo de repente se encuentra con otro grupo como el nuestro, pero oh sorpresa, el invierno fue demasiado largo y la comida escasea, los recursos si los compartimos, pueden suponer la muerte de ambos grupos y la sensatez dicta que al menos en este caso evites el compartir lo poco que queda, de manera que la vida de los tuyos pende en este caso de un hilo.

Caza prehistórica Leon Maxime Faivre Dominio publico.

Ahora bien, el otro grupo tiene personas semejantes a las que están contigo, sin embargo, no los conoces, puede que haya niños, ancianos, mujeres y hombres, ante ti, puede que sientas empatía por ellos de manera natural, pero sabes que si compartes lo que tienes las posibilidades de sobrevivir se van a ver severamente limitadas y existe la posibilidad de que tú y los tuyos mueran.

Entonces aquí está la cuestión: dejarías morir a tus padres, a tu pareja, a tus amigos y hermanos, a tus hijos y a todo lo que te importa y le da sentido a tu vida, o actuarias en pro de salvar a tu familia luchando por los recursos que garantizan tu supervivencia y la de todos aquellos que te importan.

Y si sabes o piensas que no hay otra opción, pues los recursos en realidad no alcanzaran para los dos grupos, que opción tienes sino expulsar a los “invasores”.

Pero espera, quienes mandan a los recién llegados, pueden estar pensando lo mismo que tú y a sabiendas de que todo cuanto les importa depende de tus recursos, el resultado puede al final ser tu muerte y la de todo lo que da sentido a tu vida y a tu mundo.

El invasor Leon Maxime Faivre Dominio publico.

Violencia y la eliminación del grupo rival como un peligro para tu grupo y tu persona son en condiciones semejantes, opciones naturales que puede que estén grabadas en nuestra naturaleza, el vencido de una lucha semejante, bien podría además como incentivo tomar los recursos que queden del perdedor para afianzar sus posibilidades de sobrevivir.

lo anterior, aunque hipotético nos ilustra cómo puedo desarrollarse la violencia entre nuestros ancestros .

Debemos destacar que los seres humanos son capaces de tener empatía, con lo cual eliminar al contrario puede resultar doloroso, perturbador, traumático o hasta imposible para muchos.

Por lo cual podemos concluir que para garantizar su supervivencia nuestros ancestros debieron desarrollar mecanismos psicológicos que cegaran, aunque sea temporalmente, su capacidad para empatizar.

Para reconocer la humanidad del que está enfrente afín de eliminar sin demasiados problemas los obstáculos que le permitan su autopreservación.

Tales mecanismo fundamentalmente tendrían que hacer que el individuo fuese capaz de negar la igualdad del otro, su humanidad, afín de facilitar su eliminación y facilitar en casos graves la subsistencia de su grupo, sin importar cuan similar sea el grupo contrario, de manera que acabar con aquel, no impida de ninguna manera el que los individuos puedan mantenerse capaces de continuar sus vidas de manera funcional tras atravesar un trauma semejante, tal mecanismo psicológico evidentemente tendría que permitir una ceguera a la humanidad del contrario a través de una falta de empatía tal que permita llevar a cabo la erradicación del grupo rival.

Lo anterior en mi opinión puede considerarse como el pilar sobre el cual reposa el racismo, ya que este impide considerar la igualdad, la humanidad de aquel que es visto como “el otro”, facilitando su eliminación, o incluso su explotación en beneficio del grupo al cual se pertenece.

Bibliografía

-Andrea Pérez (2019). Actúo, luego justifico (disonancia cognitiva). La mente es maravillosa (Pagina web-Revista de psicología).

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-María Carmen Ruiz Pérez Jane Goodall: la amiga de los chimpancés, El Rompecabezas. España.

-Salamanca-Gómez, F. (2005). El genoma del chimpancé. Gaceta médica de México.

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-Yuval, N. H. (2014). Sapiens de Animales a Dioses. Debate, Barcelona .

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